mongoliara hogeitasei (26)

Mongolia 6

En la ruta desde los dinosaurios a Ongin, monasterio en ruínas gracias al buen hacer de Stalin, en una de esas llanuras áridas e interminables, vimos en la distancia una furgo parada, puertas abiertas, varias personas y un hombre que venía hacia la pista con un bulto rojo en los brazos, y una señora nos agitaba las manos para parar. Sorprendidos, fuímos reduciendo la marcha, y al llegar y ver caras alegres se nos pasó el susto. El bulto rojo era un saco de ese color donde un mongol llevaba melones, y nos habían hecho parar para vendernos alguno. Otro señor era el chófer y el otro el guía. Y aquí viene lo bueno. La señora era inglesa, mayor que nosotros, vital, extrovertida, salerosa, simpática y presumida porque a cada foto que le sacábamos se revolvía el pelo como si del viento del desierto se tratara. Conocía Donosti por haberlo visitado en vida de su marido. Como Inglaterra es fría y desapacible, se fué a vivir a Australia, y como sus amigos, ó no tienen tiempo para viajar, ó no tienen ganas, ó no tienen dinero, pues se va sola. Estaba feliz del encuentro en esas soledades, quién le iba a decir: con donostiarras. Le dimos la página y quedamos en que el próximo viaje sería en Queensland, donde vive, como punto de partida. Nos dió un sin fin de achuchones y abrazos. Nos deseamos suerte mutuamente y seguimos con más besos etc. etc. y…. vale ya, tira para adelante.

Desde Ongin, cogimos la ruta a Erdenedalai unos 130 km, tratando de encontrar dónde conectarnos a internet. Era domingo y estaba cerrado, y como era mediodía decidimos poner rumbo a Arvaikheer, 190km, por ser una ciudad un poco más grande, suelen tener más señal, y si no estaba abierto, esperaríamos al lunes.

Lo de poner rumbo es un decir, porque al no tener coordenadas, vamos sólo con el compás. Así que, después de varias horas, la pista giraba alrededor de una montaña y nos apartábamos de lo previsto. Apareció un coche de frente, lo paramos y resulta que iba un británico con guía y chófer. La guía nos dijo que, si volvíamos un poco para atrás y cambiábamos de pista, llegaríamos a una carretera asfaltada y nos sería más cómodo, pero como lo nuestro es la pista, decidimos seguir la misma que ellos.  Al rato, nos adelantó otro Toyota. Después de unos kilómetros vimos a los dos parados y nos acercamos para saludar y dar las gracias. Resulta que en el otro coche iban dos chicas, un de Segovia y otra de Madrid, con su chófer y su guía. Un rato de charla, de dimes y diretes, que si el paisaje, las vacaciones etc.. Nos dijeron los guías de los dos coches que Karkorin era tan importante o más que a donde íbamos, y como teníamos previsto ir después allí, les seguimos.

Al llegar nos fuímos directos a internet. A última hora aparecieron las chicas y resulta que están trabajando para la Seguridad Social, y una de ellas ha estado en varios países con contratos de trabajo; entre ellos, cuatro años en Salta (Argentina). La otra es jazz-adicta del festival de Donosti desde hace 18 años. Un encuentro interesante.

Aprovechamos para mandar tres comentarios, ya que llevábamos bastante tiempo de secano. Se quejan los jóvenes de los pueblos por no tener acceso a internet, y señal de móvil solo en áreas reducidas.

Kharkhorin (Karakorum). Chinggis Khan trasladó su capital desde el norte hasta aquí en 1270, pero sólo funcionó durante cuarenta años. En este tiempo fué una auténtica capital política, cultural y económica, hasta que Kublai Khaan la trasladó a Khanbalik en lo que hoy es Beijing (Pekín).

Entre el traslado de la capital y el colapso del imperio mongol, Karakorum fué abandonado y los soldados manchús se vengaron de las afrentas sufridas a manos de los mongoles, destruyendo la ciudad. Todo lo que quedó aprovechable después de la destrucción, fué utilizado para ayudar a construir Erdene Zuu, el primer monasterio budista de Mongolia.

Las obras comenzaron en 1586 y duraron unos 300 años. Tenía 80 templos y más de 300 gers dentro de su recinto amurallado, para albergar a los más de 1000 monges que la habitaban. Más tarde, el monasterio también fué abandonado e invadido otra vez por vándalos manchús. En 1760, hubo unos intentos de restauración para continuar con otros más serios en 1808 . La purga estalinista se cebó con ellos en 1930, y a excepción de tres templos, todo lo demás fue destruído. De los monjes, unos fueron asesinados y otros enviados a Siberia de donde ninguno volvió.

Sin embargo, un sorprendente número de estatuas, máscaras y tankas fueron salvados, se piensa que por simpatía de algunos jefes militares, y escondidas en cuevas y casas particulares. Por lo visto, tampoco con posterioridad estaban muy seguras, porque en el año 2000 fueron robadas varias estatuas. Casi todo lo que les queda es muy bueno, y si no, preguntarle a Juanma por los tankas.

En 1965 se abrió el monasterio como museo, pero no para el culto, siendo en 1990 a raíz del colapso de la URSS, que se terminó de restaurar y volvió a la actividad religiosa.

A la entrada del recinto se encuentran en plan de exhibición, unas águilas cazadoras, pesan de 6 a 8 kg. y tienen un pico y unas garras que asustan, no es de extrañar que cacen conejos, zorros, y hasta lobos según dicen. Alguna que otra zorra también, cuentan. El Africano hizo la exhibición pertinente, y ya de vacile, les dijo que de exhibición nada, que lo que quería era comprar el bicho y les ofreció 500 dólares. Al día siguiente le estaban buscando y les dijo que nos íbamos a Tsetserleg y a la vuelta pasaba. Como es de suponer, no pasó.

Esta ciudad es la única capital que puede llamarse bella (el nombre significa jardín). El museo es uno de los mejores del país, y forma parte del conjunto de edificios del templo. Mejor dicho, el templo se encuentra dentro de los edificios que forman el museo, razón por la cual no se destruyó durante la purga estalinista, se les pasó, por lo visto, y destruyeron otros cuatro. Construído en 1586 y agrandado en 1679, llegó a tener más de mil monjes.

En este templo se conservan frescos, protegidos, con dibujos de escenas civiles y religiosas y también de animales. No recordamos ninguna pared con dibujos como éstos, en negro y rojo exclusivamente.

Nos llamó la atención, en un templete exterior, una campana de forma peculiar y diferente a las conocidas.  Es clásica de la religión sintoista, por tanto, habitual en templos de Japón, sólo que allí tienen un tronco suspendido horizontalmente fuera de la campana, y con un pequeño movimiento golpea el bronce. Aquí, como no hay tronco, todo el mundo le da pedradas para que suene, y los preciosos dibujos exteriores están como os podéis figurar, machacados. El resto tampoco se libra, parece que le ha entrado la viruela.

Desde aquí emprendemos el regreso a la capital y la vuelta a casa.

 

~ por juanmaindo en septiembre 18, 2010.

2 comentarios to “mongoliara hogeitasei (26)”

  1. Vaya cómo se liga en Mongolia!!! Poco a poco ya para casita. os esperamos!!
    Elena y Gonzalo.

  2. Tanto ligoteo pero no sabemos cómo estaban los melones.
    Un abrazo
    Alberto

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